El guión de las big techs detrás del “mayor data center de IA” en Paraguay
Iguazú AI City promete miles de empleos, la mayor inversión de la historia, el data center más grande de la región. Son las mismas narrativas de las big techs a las que aspira tener entre sus clientes, un libreto útil para justificar la extracción masiva de recursos críticos.

Jazmín Acuña
OCT 6, 2026 • 7 min

Estados Unidos vio crecer un fuerte rechazo ciudadano a la instalación de data centers para la inteligencia artificial en el último año. Siete de cada diez estadounidenses se oponen a la construcción en sus comunidades. La fuerza del movimiento es tal que políticos de todo el espectro ideológico toman partido: legisladores de 16 estados consideran prohibir o pausar el desarrollo de estas infraestructuras en sus territorios, desde la republicana Carolina del Sur hasta la demócrata Nueva York.
En este escenario, Latinoamérica aparece como un polo alternativo para alojar las infraestructuras que foguean la lucha geopolítica entre EE.UU. y China por la hegemonía en el campo de la IA. El anuncio del empresario paraguayo Alejandro Zucolillo sobre la llegada al país del “mayor centro de datos” de la región apunta en esa dirección. Los inversionistas de Araico Corporation, según el empresario, son los mismos que han financiado a grandes tecnológicas como Meta y OpenAI: el Founders Fund, el fondo de capital de riesgo que tiene entre sus fundadores y socios a Peter Thiel. Su descripción de lo que será Iguazú AI City, repleta de promesas, también hace eco del discurso de las big tech que estadounidenses y nacionales de otros países escucharon y que hoy se alzan contra los centros de datos en sus alrededores.
Examinamos algunas de las afirmaciones del directivo de Araico Corporation divulgadas en medios de comunicación y las contrastamos con la experiencia de otros países de nuestro hemisferio. Lo que encontramos abre dudas razonables y preguntas legítimas sobre cuán realistas, transparentes y sostenibles son las proyecciones que promociona Araico.
Los datos refutan la afirmación de la creación de “miles de puestos de trabajo”. Centros de datos de big techs como Microsoft en México, OpenAI y Google en EE.UU. apenas promedian 100 empleos directos. Estudios internacionales ponen en duda el verdadero beneficio de la inversión. La consultora McKinsey estima que más de la mitad de los gastos para la instalación de data centers se destina a equipamiento tecnológico, que en buena parte se importa en países como Paraguay. Especialistas en tecnología y políticas públicas desafían la premisa de que el país va a “exportar inteligencia” y ocupará “las grandes ligas” en la economía global. Las promesas de desarrollo, sin embargo, sirven para justificar algo ya conocido en Latinoamérica: la extracción masiva de sus recursos críticos, como energía, tierras y agua.
La evidencia desafía la promesa de «miles de puestos de trabajo» con la instalación de un mega data center
Una de las promesas más repetidas donde desembarcan proyectos de centros de datos es la creación de miles o decenas de miles de empleos. Iguazú AI City se promociona con el mismo argumento. En la práctica, esto por lo general no ocurre. En Captura, nuestro último libro sobre la carrera de la IA con análisis de expertos en tecnopolítica del Sur Global, la investigadora chilena Paz Peña cuenta que los data centers en su país proyectan un promedio de 28 puestos de trabajo cada uno. “En cuanto al empleo generado, se sabe que es marginal, a pesar de los avisos rimbombantes que hacen la industria y las autoridades”. Suma el caso de Querétaro, en México, donde el gobierno declaró que cada proyecto de Microsoft crearía 100 empleos directos y 20.000 indirectos. Pero hasta 2025, apenas 17 personas trabajaban en sus data centers.
No se trata solo de la cantidad. También se discute la permanencia y la calidad de esos empleos. Zucolillo hace hincapié en las oportunidades laborales de la fase de construcción, que alcanzaría un pico de 5000 puestos de trabajo. Pero según una amplia investigación del periodista Luiz Fernando Menezes sobre las narrativas del lobby de las big tech en Latinoamérica, estos puestos suelen ser temporales y una vez finalizada la construcción, gran parte del funcionamiento de un data center queda automatizado.
Asociada a este tipo de inversiones también viene la promesa de empleos más sofisticados, como los del campo de la tecnología. Sin embargo, investigadores en EE.UU. que estudiaron las expectativas de impacto económico de los data centers no encontraron una relación robusta entre su instalación y el aumento de trabajos en la industria tecnológica. Otro académico economista de Texas vio que aunque suelen aparecer algunos puestos, estos se compensan con la pérdida en otros sectores, y que al final, no hay crecimiento neto de empleo.

¿«Exportadores de inteligencia» o extractivismo de siempre?
Iguazú AI City alimenta expectativas con afirmaciones como que Paraguay pasará a “las grandes ligas” y va a “exportar inteligencia”. Varias cosas pueden ser ciertas bajo ciertas condiciones. Es cierto que hay una diferencia entre vender energía en bruto y vender capacidad de cómputo, lo que necesita cualquier modelo para ser entrenado o para responder cuando hacemos preguntas a los chatbots.
Pero en esencia, si el país atrae estos proyectos es porque disponemos de lo que en otros lugares escasea: energía, tierra y agua, condiciones necesarias para el funcionamiento de los data centers. A esto se suma el alineamiento geopolítico de Paraguay con EE.UU., algo que el propio empresario de Araico confirmó al periodista Luis Bareiro.
En arreglos como este, la lógica sigue siendo extractivista y colonialista, como explica la abogada Paloma Lara-Castro en Captura. Ni Paraguay ni Latinoamérica cambian de liga por albergar data centers. El papel que hemos tenido durante décadas se perpetúa: ser territorio de recursos críticos al servicio de una economía global que vuelve inmensamente ricos a pocos.
El potencial de “exportación de inteligencia” sería más cierto en la medida en que la capacidad del data center sirva al desarrollo de IA diseñada en Paraguay con criterios y políticas propias. Podemos inclinarnos a creer en la posibilidad.
Pero si una big tech de EE.UU. entrena un modelo en Iguazu AI City, lo cual es plausible porque ahí se concentra la mayor demanda, el modelo es de la big tech. Vender la capacidad de cómputo del data center a una empresa tecnológica no es lo mismo que diseñar y controlar un modelo, los datos de entrenamiento y su uso final.

Lo que no cuentan los números de «la mayor inversión privada de la historia»
Como en otros países de la región con proyectos de data centers, el anuncio de Iguazu AI City hizo mucho énfasis en el tamaño de la infraestructura planificada y la inversión. Se promociona como “el mayor centro de datos de América Latina” con “la mayor inversión privada de la historia” del país. Pero los números divulgados abren preguntas y lo que se omite —los costos ambientales y sociales asociados a los data centers— genera más preocupación.
La empresa declara en su perfil de LinkedIn que el proyecto está diseñado para escalar a 1,3 GW de capacidad. Pero Scala AI, en Rio Grande do Sul, estima que su complejo tendrá una capacidad de 4,75 GW, lo que lo sitúa por encima de Iguazú AI City. Además, el directivo dijo a medios que el proyecto requerirá en total 280 MW, una cifra mucho menor que la declarada en la cuenta institucional.
En cuanto al tamaño de la inversión de USD 12000 millones en tres años, no caben dudas de que, si se concreta, no tendría precedentes. Pero vale contrastar con lo que explica el periodista Luis Fernando Menezes sobre lo que ocurre con los números de inversiones en centros de datos: “parte de la grandiosidad de estas cifras proviene del precio de construcción de las estructuras: los data centers son caros y una buena parte del monto anunciado representa los gastos de importación de equipos e infraestructura.”
Cita una publicación de la consultora McKinsey, que estima que de toda la inversión global proyectada en infraestructura para IA hasta 2030, el 60 % será para compra de tecnología, el 25% para energía y sistemas de refrigeración y el 15 % para materiales de construcción y terrenos. También menciona un estudio de la Agencia Brasileña de Desarrollo Industrial, que indica que los costos de hardware y software representan casi el 62 % de la inversión en la instalación de un centro de datos.
Otros números que aumentan alrededor de los data centers son los decibeles de ruido molesto e insalubre, como lo experimentó un barrio de Villarrica durante seis meses (en ese caso, con una criptogranja), y como denuncian residentes de tres ciudades en EE.UU. que decidieron entablar demandas; los costos de las tarifas eléctricas de familias; y problemas de abastecimiento de agua, como reportan residentes de un condado en el estado de Georgia que tienen de vecino a un data center de Meta.
Si te interesa saber más sobre el desembarco de data centers en Latinoamérica, te invito a seguir leyendo:
- La historia de los vecinos que lograron el primer juicio por polución sonora a una criptogranja en Paraguay. Podés leer el artículo copublicado con El País, escuchar los testimonios en primera persona de los residentes en nuestro canal de YouTube y enterarte de los avances del juicio en nuestra newsletter.
- Romina Cáceres y Josué Congo reportan sobre lo que anticipa la instalación de criptomineras de la batalla energética que se puede desatar con el arribo de data centers de la IA en Paraguay.
- ¿Por qué no es una buena idea destinar los excedentes de energía renovable a los data centers? Nuestra periodista residente, Laís Martins, nos explica más en este artículo.
- Captura, nuestro libro sobre la posición de Latinoamérica y el Sur Global en la carrera por la IA, ya se encuentra disponible online. Con tu suscripción, accedes de forma gratuita.

Jazmín Acuña
Asunción 🇵🇾